La estrategia espacial equilibra dos cualidades esenciales: privacidad y comunidad. Cada lote está incrustado dentro de corredores forestales y está orientado a crear aislamiento y conexión directa con la naturaleza: ninguna casa da a otra, ni las líneas de visión interrumpen la sensación de habitar el paisaje. Sin embargo, el plan maestro canaliza deliberadamente el movimiento hacia una infraestructura social compartida (la Casa Club, los senderos para caminar, los espacios de reunión), lo que garantiza que la vida diaria fomente la interacción de forma natural. Esto es urbanismo biofílico: no la naturaleza como ornamento, sino como principio organizador. La infraestructura (el tratamiento descentralizado de aguas residuales, los biopantanos de aguas pluviales y los sistemas fotovoltaicos a escala comunitaria) se integró desde el principio y se planificó para que funcionara de manera invisible y, al mismo tiempo, respaldara la resiliencia y el rendimiento ecológico a largo plazo.