El diseño surge de una pregunta fundamental: ¿qué debe ofrecer un espacio comunitario más allá de la función? La respuesta está en la arquitectura biofílica, entendida no como ornamento sino como principio estructural. Cada espacio está diseñado para facilitar el contacto con los elementos naturales, la luz natural y la vegetación de manera que parezca impecable y auténtica. El programa en sí mismo guía la identidad del edificio: una cafetería fomenta la interacción social diaria, un espacio de coworking proporciona un entorno para concentrarse en el trabajo, una piscina semiolímpica y un gimnasio aportan energía y movimiento, mientras que un estudio de yoga, una sauna y una piscina fría crean momentos de introspección y recuperación. Cada elemento está integrado en una narrativa arquitectónica coherente, en lugar de existir como servicios aislados.