En los bosques montañosos de Altos de María, La Curumbita ocupa un sitio excepcional: aislado, totalmente privado, sin una sola estructura vecina a la vista. La propiedad limita con una reserva natural protegida, y lo que más la define es el aislamiento: no hay carreteras visibles, no hay tejados que interrumpan el horizonte, solo cordilleras montañosas en capas que se extienden en la distancia. La elevación es lo suficientemente alta como para que las nubes la atraviesen a la altura de los ojos, y la temperatura permanece fresca durante todo el año. Aquí, la privacidad es absoluta, y los únicos sonidos son el viento entre los pinos y el ocasional canto de las aves de montaña.