Casa Bor es, en última instancia, una casa moldeada por el anhelo: la distancia, la creatividad, la conexión. No se impone en la montaña, sino que negocia con ella: levantándola, abriéndola, respirando. Un refugio refinado donde la ciudad se siente lejana, donde el arte y la vida se entremezclan, y donde el bosque no se convierte en un telón de fondo, sino en un colaborador.